Skip to content

¿Moda o viajes? El síndrome de Hannah Montana

Tengo el síndrome de Hannah Montana: una vida que no logra coexistir con la otra.

Pensá que hasta hace un año atrás, mi vida giraba en torno a la moda, a tener lo último, aspirando a escribir artículos y fotografiar editoriales para revistas de moda, asistir a fiestas exclusivas y rodearme con gente del medio. Y de un día para el otro, decidí cambiar de aire, hacerme minimalista, comprarme un pasaje e irme de mochilera, intentando convencerme de que todo lo anterior era malo y desinteresado, y probando una vida nueva de aventuras, amigos y culturas en diferentes lugares.

Cada vida tuvo sus pros y contras, pero es al día de hoy que me estoy volviendo loca por fusionar ambas, y lo encuentro verdaderamente difícil. Crucifiqué a la moda y glorifiqué los viajes, intentando esconderla de mi vida y recrear este espacio como algo puramente austero y viajero, cuando, truth be told, mis artículos de moda son los más vistados.

Rebelde comenzó como un blog de moda, diseñado específicamente por una chica de 19 años que quería jugar con la ropa, sacarse fotos y escribir sobre todo eso que para ella significaba “la moda”. Salía de cursos de producción de moda, blogger de moda, fotografía de moda y necesitaba un espacio donde pudiera plasmar todo eso que había aprendido y todo lo que percibía acerca de ese mundo. Y cuando a los 21, la fashionista de la pantalla la consumió y se encontró con la crisis de identidad de los 20, se quiso escapar y quiso divorciase de la moda, culpándola de todos sus males y erradicándola de su vida.

Y eso fue bueno por un tiempo, pero al volver de mi viaje, me encontré culpabilizándome cada vez que me preocupaba por qué ponerme o por cómo me veía: nada de maquillaje, nada de gastar plata en ropa, nada de revistas de moda, fotos de moda o cursos de moda. El miedo de dar pasos hacia atrás me paralizaba y pensaba que todo lo que se relacionaba con ese yo anterior, era para peor.

Pero la realidad es que la moda es uno de los disparadores más profundos de mi creatividad: escribir sobre moda sigue siendo algo que me apasiona; recrear escenarios e historias en una fotografía editorial requiere de tiempo, visión y versatilidad para detrás de cámara y dirección de modelo; combinar prendas, colores y texturas de acuerdo a siluetas, personalidades y situaciones es un arte más que complejo; y esos son desafíos que no puedo dejar de contemplar. Sin pensar, que de verdad me gusta estar arreglada y sentirme bien conmigo; seguir jugando con la ropa con una inocencia pendiente pero con una mente consciente.

Consciente de la realidad que hay cosas que trascienden esa moda: que son las realidades, los entornos que poco de glamour y moda contemplan, pero que da con la escencia exacta de cualquier arte: las peculiaridades culturales de la gente y sus vivencias. Y esa parte me la dieron los viajes.

Y no quiero tener que elegir entre dos cosas que hacen que me sienta bien conmigo. No quiero diferencias entre mis viajes que tanto anhelo y la moda o estilo que siempre estuvieron ahí, y que concibo como uno de los lugares donde quiero insertarme en el ámbito laboral en un futuro próximo. No me quiero sentir culpable u observada por usar tacos, o colores chillones, pero tampoco juzgada por viajar de mochilera y no bañarme 4 días seguidos o usar 30 veces la misma remera. No necesito etiquetas.

Así que no te asustes si mañana me ves cubriendo un evento de moda y en 2 semanas, con la mochila en la espalda contándote mis aventuras rebeldes.

Porque no me apetece esconder quién soy o autocensurarme.

Sólo quiero ser feliz.

(Chan. Frase filosófica que cierra el post. Me voy a comer una fruta. Bye)

Be First to Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *